Hace veinte años ocurrió algo insólito en la historia del deporte. Posiblemente, el mejor equipo de una disciplina deportiva que se haya visto en un a cancha de baloncesto se juntó y participaron en los Juegos Olímpicos celebrados en Barcelona ’92. Once miembros distinguidos del Hall of Fame estadounidense, algo probablemente irrepetible. ¿Cómo llegó a ocurrir?

La foto oficial del Dream Team. Todas las piezas delicadamente colocadas

El ideal olímpico hablaba siempre de deporte amateur, por lo que los equipos estadounidenses siempre habían estado formados por baloncestistas universitarios, y con eso les había bastado para dominar las competiciones olímpicas, hasta que se llevaron dos decepciones en muy poco tiempo. En 1972, la URSS les derrotó en la final, con una canasta sobre la bocina muy polémica  y en 1988 y en semifinales, de nuevo la URSS, capitaneada por Arvydas Sabonis les derrotó en Seúl, llevándose seguramente la mayor decepción de su historia, hasta el punto de que varios de sus jugadores abandonaron sus medallas en el hotel.

Entonces fue cuando el presidente de la FIBA, Boris Stankovic decidió, en 1989, permitir tomar parte en los J.J.O.O a los jugadores que participaban en la liga profesional americana, la NBA, hasta entonces prohibido.

A partir de ahí, Rod Thorne, vicepresidente de operaciones de la liga, se puso manos a la obra para reclutar a los mejores jugadores de la NBA entonces, empezando por el número 1, Michael Jordan a quien convenció de que dejara sus vacaciones jugando al golf para ser el líder de la mejor selección de la historia del baloncesto. Una vez convencido Jordan, y tras el “si” de Magic Johnson y Larry Bird, prácticamente retirados, el reto se convirtió en irrechazable para los siguientes jugadores requeridos: Pat Ewing, David Robinson, Clyde Drexler, Chris Mullin, John Stockton, Karl Malone, Charles Barkley (de quien preocupaba su carácter conflictivo) y Scottie Pippen. La última plaza la ocuparía un jugador amateur y el elegido fue Christian Laettner, de la universidad de Duke. El entrenador iba a ser el legendario Chuck Daly, mentor de los “Bad boys”, los Detroit Pistons de finales de los 80, conocido por su capacidad para manejar “egos”. A su lado estarían Lenny Wilkens y Mike Krzyzewsky, actual entrenador de la selección nacional estadounidense.

Los hall of famers reunidos de nuevo muchos años después

Para siempre quedará la controversia sobre lo que ocurrió con Isiah Thomas, misteriosamente apartado de esta selección. Siempre se dijo, y es probable que ocurriera así, que Scottie Pippen y, especialmente Michael Jordan vetaron su presencia en Barcelona, condicionaron su presencia a que no estuviera Isiah. Desde luego, ambos reconocieron posteriormente que no les hacía ninguna gracia que estuviera Isiah.

Una vez el equipo se juntó en La Jolla, California, empezaron las dudas sobre cómo iban a funcionar como equipo y cómo iba a ser capaz Chuck Daly de dominar todos esos egos. En el primer entrenamiento todos quisieron demostrar que podían ser importantes en ese equipo. Michael Jordan quería demostrar su supremacía en ese momento en la NBA y quitarse ese incómodo “sambenito” de segundón ante Magic Johnson. Barkley y Malone querían demostrar  quien era el mejor “4” en ese momento en la NBA y lo mismo sucedía con el resto. Hubo gente en ese entrenamiento que se preguntaba si realmente ese grupo de jugadores formaba parte del mismo equipo.

Y ocurrió algo que muy poca gente sabe: Chuck Daly preparó un partido ante un puñado de universitarios capitaneado por Bobby Hurley y Chris Webber. El que iba a ser el Dream Team demostró su falta de conjunción y fue vapuleado por los universitarios de forma sonrojante por 62 -54. Estos dos jugadores fueron imparables para los profesionales que se fueron del gimnasio “con el rabo entre las piernas”. Ante la inminente entrada de público y prensa al gimnasio, el resultado fue rápidamente borrado del marcador electrónico.

El “sabio” Chuck Daly, rentabilizando su imagen

Lo que en ese momento no sabían los profesionales es que todo formaba parte  de una “encerrona” urdida por su entrenador. Magic Johnson y Michael Jordan apenas jugaron, Chuck Daly apenas realizó correcciones  y conocía el potencial de esos chavales y sabía que podían ganar. De esta forma, “el sabio Chuck” demostró a sus jugadores que tenían que ser humildes, que podían ser derrotados y que debían escucharle si querían llevar esa aventura a buen puerto. Al día siguiente y al final del entrenamiento, organizó el mismo partido y los profesionales ganaron de 100 puntos de diferencia.

En el Torneo de las Américas, celebrado en Portland, Oregón, ganaron sus 6 partidos de una media de 50 puntos, incluida una aplastante victoria inicial ante Cuba por 136 – 57. A partir de ahí fueron cayendo sucesivamente Canadá, Panamá, Argentina, Puerto Rico y Venezuela con semejante facilidad. Para el recuerdo, el reverencial trato que recibían los estadounidenses por parte de sus rivales.

A una semana de comenzar las olimpiadas, el Dream Team tenía “pactado” un corto “stage” de preparación en Montecarlo que incluía un partido amistoso contra Francia. Para ellos fueron unas cortas vacaciones ante lo que se avecinaba en una semana. Los jugadores disfrutaron más bien de aspectos como, las playas del mediterráneo o los campos de golf que del baloncesto en sí.

Petrovic-Jordan

Ante tal relajación, Chuck Daly preparó un partido en pleno entrenamiento y tras una noche de resaca del que también se ha hablado muy poco. Tal partido enfrentaba al equipo blanco de  Michael Jordan, Chris Mullin, Scottie Pippen, Christian Laettner, Karl Malone y Pat Ewing ante el equipo oscuro de Magic Johnson, John Stockton, Larry Bird, Clyde Drexler, Charles Barkley y David Robinson. El partido fue durísimo, con un pique tremendo entre las dos superestrellas, Michael y Magic hasta el punto de que Larry Bird por su crónica lesión de espalda y Christian Laettner por lo poco que iba a participar, apenas jugaron. Finalmente, el equipo de Jordan ganó, pero eso era lo de menos. El ambiente en el equipo se volvió totalmente distendido y de un compañerismo absoluto. “El sabio Chuck” había vuelto a conseguir su objetivo.

Una vez en Barcelona, lógicamente fueron recibidos como estrellas de rock, pero causó controversia que no se alojaran en la Villa Olímpica. Reservaron dos plantas de un lujoso hotel en Barcelona para alojarse junto a sus familias e incluso disponían de una sala privada de videojuegos. Eran completamente inaccesibles al público, incluso eran rodeados por coches patrulla y helicópteros cada vez que se desplazaban.

En lo que fueron los partidos y el juego en sí, no tuvieron rival, pero si que, en cambio, se produjeron situaciones que dieron que hablar: desde las malas artes de Barkley que preocupaban sobremanera a sus compañeros y que salía a técnica por partido, al “mobbing” al que sometieron Pippen y Jordan a Toni Kukoc, futuro jugador de los Bulls y pretendido por Jerry Krauss, general manager de los Bulls en ese momento. En semifinales arrollaron al equipo lituano sin piedad en un partido, en el que si bien los americanos eran claros favoritos, no se esperaba semejante diferencia. 34-6 era el parcial a mediados de la primera parte. Solo en la final Croacia les puso en ciertos apuros, llegando a ponerse por delante bien entrada la primera parte del partido. Para el recuerdo, el precioso pique entre Michael Jordan y Drazen Petrovic. Charles Barkley fue el mejor jugador del equipo durante el torneo olímpico.

También se produjeron anécdotas divertidas, como que John Stockton fuera capaz de pasear por Las Ramblas con su familia sin que nadie se percatara de su presencia, que el resto de atletas alojados en la Villa Olímpica no pararan de solicitarles autógrafos o que se sacaran fotos con ellos. Charles Barkley, a raíz de su mala imagen ante Angola, dando un codazo a un jugador rival, se convirtió, bien porque recapacitó, bien porque se lo aconsejaron, en la imagen del Dream Team por las calles de Barcelona. Paseaba por ellas y se mezclaba con la gente de forma amigable siempre que tenía oportunidad y Michael Jordan decidió darse un paseo por Barcelona a las seis de la mañana el dia de la gran final. Paseo que acabó admirando el estadio olímpico de la capital condal.

Fueron sin duda la gran atracción de los J.J.O.O ’92